La importancia del tejido empresarial español.

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Pymes cierre crisis

La crisis financiera que sacudió España durante los años 2007 y 2008 dejó herido de muerte el tejido empresarial español. Más de 500.000 negocios se vieron obligados a cerrar.  Hemos oído hasta la saciedad la cifra de más de 5.000.000 de parados, la del paro juvenil y la fuga de cerebros pero ¿De dónde pensamos que salen?

¿Dónde quedan los empresarios?

Todo el mundo habla de los trabajadores pero ¿Dónde quedan los empresarios? En la película que nos reproducen desde las clases políticas y los medios de comunicación, históricamente, a los empresarios, siempre les ha tocado y les toca el papel de villanos. Pero ¿Qué sería de los trabajadores sin los empresarios? No entiendo esa dicotomía ya que ambas partes necesitan de la otra para su existencia. Esos más de 500.000 pequeños empresarios de los que hablo son aquellos que no tienen un fondo de garantía salarial, que en ocasiones han hipotecado sus viviendas para poder sacar adelante sus negocios, que a la vuelta de la esquina se han visto sin nada, en ocasiones por deficiencias en sus planes estratégicos pero en gran medida por la negación de crédito y la crisis financiera, nos pasan desapercibidos o lo que es peor, incluso, siempre sin conocer el caso de cerca, gracias a esa imagen que tenemos de ellos, nos alegramos de sus desgracias.

Pero ¿Qué es realmente un empresario? Un empresario es, por definición, la persona que es propietario o dirige una empresa. ¿Qué es una empresa? Es una entidad en la que intervienen el capital y el trabajo como factores de producción de actividades industriales o mercantiles o para la prestación de servicios. Por lo tanto un empresario, en la práctica, es aquella persona que emplea capital y trabajo para generar un beneficio. Ese trabajo que necesita es lo que hace que disminuyan las cifras de parados y se beneficien tanto las personas que lo ejecutan, como el país, como él mismo.

Objetivos para recuperar y fomentar la creación de empresas en España

Este país debe marcarse el objetivo de reconstruir y potenciar el dañado tejido empresarial y para ello hacen falta dos cosas principalmente: Primera. Fomentar las vocaciones empresariales mediante la educación – para mí la más importante -. Segunda. Nueva Reforma Laboral y legislar para ponérselo algo más fácil a los que ya se atreven. Son demasiadas trabas las que se encuentran en el camino en forma de burocracia, obligaciones, impuestos y un largo etcétera.

Según datos de la OCDE (Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos) solo el 10% de las empresas consigue superar el décimo año de vida y considerarse consolidada. Apenas el 29% superan el quinto año. Son unos datos desoladores para nuestro futuro. Hay que trabajar para mejorar estos porcentajes y no golpear desde las instituciones políticas siempre a los mismos. El hecho de ser un sector minoritario no implica que no sea de importancia capital para el sustento y el futuro del país.

Para concluir y basándome en la inexistencia de la dicotomía empresa-trabajador y viéndolo más como una dualidad indisoluble diremos que Sin empresas rentables no hay trabajo y sin trabajo no hay recompensa para nadie. Pero, igualmente, sin mucho trabajo no habrá empresas rentables y ya conocemos el fin de esa ecuación.